En el jardín, el invierno se hace presente en la serenidad de una mujer vestida de morado, rodeada por un paisaje teñido de grises, azules y blancos que evocan el frío y la calma estacional. Su figura se impone como un punto de calidez y presencia en medio del letargo del entorno, recordando que incluso en la quietud invernal, la naturaleza conserva su ritmo y misterio. La obra invita a contemplar la estación en sí misma y a reflexionar sobre nuestra relación con los ciclos del mundo que habitamos.
Oleo sobre lienzo
50 x 100 cm
2024
Adquirido